Ese sentimiento de asco hacia uno mismo es inexplicable. No sabes como expresar tanto sufrimiento, no sabes que hacer para eliminar semejante peso. No sabes nada, nada salvo que no quieres salir afuera, traspasar los muros de tu hogar. Quieres quedarte dentro, en lo que crees que es seguro, permanecer oculto, alejado de toda cosa que pueda hacerte daño, que pueda hacerte caer. Te sientes mal, enfadado, cuando te obligan a enfrentarte al mundo exterior, enfrentarte a esos cientos de pares de ojos que te ven cada día, que te miran por encima del hombro y te critican sin palabras. Porque una mirada puede hacer más daño que unas palabras mal dichas cargadas de odio y resentimiento. Y crees que todo es injusto, que nadie te comprende, que estás solo, que nadie puede ayudarte.
viernes, 24 de febrero de 2012
martes, 7 de febrero de 2012
Egoísmo
La sociedad se basa en este aparentemente simple principio: para que te den, tú también debes dar algo a cambio. Sin embargo, lo complicamos todo. ¿Por qué? Porque lo queremos todo para nosotros. Queremos más, más y más y esperamos no tener que dar algo a cambio. Es más, nos resistimos a dar a los demás.
¿Qué pasa cuando sólo recibimos y nunca damos? Que al final nos quedamos sin nada, dejamos de recibir cosas. ¿Y qué ocurre entonces? Que nos quejamos. Nos quejamos porque somos EGOISTAS. Nos convertimos en lo que odiamos, pero aún así seguimos enfrascados en que lo queremos todo y más y no daremos nuestro brazo a torcer, seguiremos pensando que tenemos derecho a todo y que no tenemos por qué dar algo a cambio.
Tras observar mi entorno, sobre todo el escolar, día tras día, me he dado cuenta de que os odio a todos (odio: m. Sentimiento de aversión y rechazo, muy intenso e incontrolable hacia algo o alguien). Me producís urticaria, hacéis que se me encoja el corazón, hacéis que me indigne y deje de creer en la confianza, en la amistad… Y también me odio a mí misma por ser igual de egoísta, por dejarme llevar por esta divertida y fantástica red de relaciones que hemos creado.
Por supuesto que no digo que cada uno deje de preocuparse por lo suyo, pero siempre hay espacio y tiempo para mirar por los demás. Si para complacer a alguien, en algún momento, tienes que sufrir, sufre. Ya se te verá recompensado, porque una acción tuya, aunque sea una sola, puede cambiar a otras personas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)